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PEDRO SORIANO

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OTRAS EDICIONES EN COLABORACIÓN

 

COSECHA 2014

(2014)

 

 

Cosecha 2014 es una recopilación de temas de Pedro soriano compuestos a partir de las letras de otros autores. Incluye textos de Alfonso Salazar, Asier Biota, Cacho Castaña, Carmen Soriano, Cristian El Gato, ,Javier Egea, Jorge Fernández Bustos, Juan  Álvarez, Juan de Loxa, Mario Benedetti, Mercedes Elorza Maza, Miguel Ángel Barrera Maturana y Miguel Hernández.

 

 

RESCATANDO LAS HORAS PERDIDAS

(2013)

 

 

Este disco debió editarse hace años. Cuando Miquel y yo nos conocimos en los años setenta y comenzamos una fructífera colaboración y una amistad duradera. En los años noventa publiqué "Esbozos", donde aparecieron muchos de los temas que musiqué de Miquel Ballester. Su muerte en 2013 me hizo volver la mirada hacia aquellas Horas perdidas que debimos publicar cuando éramos algo más jóvenes. Aquí están rescatadas, como un homenaje, como un canto a la palabra reencontrada. Pedro Soriano, Granada, 2013

 

SORIANO Y SORIANO

POEMAS DE CARMEN

(2012)

 

 


Carmen me dio estos versos a los que yo le he puesto mi devoción y mi voz.
Pero la voz es la de ella, la que late dentro de cada sílaba.
Juan Bidart puso sus mágicos dedos al servicio del poema para arrancar al piano las notas más delicadas, sólo gracias a él podría la música acompañar a estos versos.
Jens Ohly lo mezcló todo para conseguir un cóctel lo bastante suave para sentirnos mejor,
lo bastante fuerte para seguir adelante con todas nuestras fuerzas.
PEDRO SORIANO

 

AMITANGO

(2012)

 

 

 

Sobre el tango recae una historia registral de cien años, una tradición que se extiende por cada ciudad y cada continente, de Japón a Finlandia, de Buenos Aires a París. Se distingue como una forma de contar válida en cualquier latitud. Tierna y comprensible a pesar del código lunfardo que haga insólita su expresión. El tango es mucho más: danza, música, literatura a partir del tango, un barrio para el mundo que recoge en los sucesos de su patio de vecinos las palpitaciones universales y fácilmente identificables que revestirá la pasión meridional.
Julio Sosa apuntaba en su introducción a El Choclo que el tango es macho. Y así es el tango en la mayoría de sus letras. Las mismas que forjaron el mito del hombre dominante y despechado, de brazo delgado que reinventa la ley del asalto y la navaja. La secta del cuchillo y el coraje, según Borges. Pero siempre aparecerá detrás, como ocurre en todos los mitos, el lamento vigilante y desvestido de la virilidad, el llanto del ser solo, el estupor ante el rumbo de la vida. Los grandes personajes del tango, que se vuelcan en una apasionada narración de su propia experiencia, y nunca la ajena, son masculinos. Dicen sufrir las vejaciones femeninas, se ven abocados al maltrato y el desengaño ante la vida como víctimas empedernidas.
Gardel nos muestra el paradigma. Los personajes a los que ofrece su voz, por mano de Discépolo, Flores y tantos otros, son engañados continuamente por el paso del tiempo, por aquel amor que se fue, por el lapidario final de las épocas felices y los viejos tiempos.
Casi siempre son objetos de una traición, una malquerencia que personifica una melena rubia y un andar canyengue. Si no son traicionados, ni se someten como aquel malevo a punto de entrar en la iglesia ya envenenado y sorprendido de sí con el peregrino fin de rezar, si son capaces de tomar las riendas de la situación, recibirán aún exentos de culpa, y de cualquier manera, tremendos vapuleos que soportarán con menguado estoicismo.
El tango, cuando se hace más íntimo, resume al modelo de hombre en su soledad, borracho y desesperado, crispado, encendido en el lamento. Un grito de desesperación, forjado en su clase, para ser oído en el mundo. Y así lo canta Pedro. Aunque él y yo sabemos que siempre ser á Malena quien cante el tango como ninguna.

Alfonso Salazar

 

CANCIONERO AGRADECIDO Y SENTIMENTAL

(2011)

 

 

 

Pedro Soriano fue de los primeros en tomar en su mano la flor que ofrecía Facundo Cabral. Hay quien coloca la flor, el clavel, la rosa, en el ojal de la solapa. Pedro se la colocó a su guitarra. Y con flor y guitarra pudo conocer a los personajes de Aznavour, esa voz que ha sido la banda sonora de Francia, donde la enigmática Barbara, la gran dama de la chanson cantaba a la paz y a la guerra encarnada en los niños de Göttingen. Cada pétalo de aquella flor puede acoger una canción: canciones que crucen el Atlántico para marearse en los acordes de Discépolo o en la ironía sin fondo de Brassens que hizo suya Paco Ibáñez. Al fin y al cabo, a Pedro, la música militar jamás le levantó de la cama.
Pero sí otras músicas, la ronca voz de los valles asturianos de Víctor Manuel, el desgarro griego de Haris Alexiou cuando evoca su infancia. La infancia de Pedro está en los paisajes tristes, ciudades de racionamiento, que canta Sabina en su De purísima y oro, donde el fútbol y los toros entretenían a una población a quien la guerra civil había arrancado gran parte de la memoria sentimental. Una infancia y una juventud, en Granada, donde Los Windys sonaban en la noche de julio.
Esforzado en recuperar esa memoria, esos trazos de sentimiento, esas canciones que un día le lanzaron sobre la flor y la guitarra, desprende Pedro en este homenaje las voces y los ecos del gran Atahualpa, del más grande aún Jacques Brel, de Aute o Andión. Modugno y Paoli son los referentes de las radios del año sesenta, la Italia que parece cantarina y alegre bailando con una pajarita. Sólo lo parece. Y la voz potente de Cortez cuando canta a Juan Golondrina que a buen seguro también tomó aquella flor de Cabral. Niños, extranjeros cuando son adultos, pues la patria es la infancia, y Rafael Amor prefiere que no nos llamemos así.
Detrás de cada canción, detrás de este homenaje, este cancionero que es tan agradecido como sentimental, siempre lleva razón la percepción del Noi de Poble Sec. Ya lo dijo Serrat: Detrás está la gente. Detrás de todos nosotros y delante. Como todos aquellos que esperan recibir la flor, que esperan entregar aquella flor de Facundo.

Alfonso Salazar

 

CANTOS A LA DIVINA ACRACIA:

HOMENAJE A JOSÉ LUIS GARCÍA RÚA

(2010)

 

 

 

Hay seres humanos con los que se contrae una deuda. Bertolt Brecht los llamó imprescindibles: aquellos que luchan toda la vida. José Luis García Rúa pertenece a esa categoría de escasos especimenes. La presentación  de este trabajo no es el lugar para glosar su figura. Al fin y al cabo, lo que sigue, es un homenaje debido, donde se desgrana más que su vida y obra (ambas largas y fecundas), unas situaciones ambientales, unas circunstancias podríamos decir, que conducen irremisiblemente al convencimiento de la idea que alumbra a este hombre. Corren bulos que dicen que sólo el idiota es feliz, que sólo el ignorante puede disfrutar de la vida en su extensión, algo así como que el conocimiento desespera, imposibilita la felicidad. Personas como García Rúa, con su figura, echan abajo estos prejuicios que seguramente fueron dictaminados por alguna clase de imbécil letrado, condecorado y académico. Porque estamos convencidos de que José Luis García Rúa, con sus hechos ha alcanzado un grado de felicidad que muchos quisieran para ellos. Y nos lo ha dado a nosotros. De ahí la deuda.

Marco Santacana

 

Conocí a José Luis hace mucho tiempo. Mi padre era responsable del sindicato en la clandestinidad granadina de los años sesenta. El sindicato, claro, era la CNT. José Luis pasaba por casa, ambos se reunían en lo que mi padre llamaba despacho –una salita en nuestra humilde casa- y pasaban horas y horas hablando. Desde que mi padre falleció creo que ese convencimiento sin fisuras, esa coherencia por encima de todas las cosas, sólo he vuelto a verla en la mirada limpia de José Luis García Rúa. Este CD tiene mucho que ver con aquellas reuniones que mantuvieron en mi casa. Al fin y al cabo ambos son los seres humanos más cercanos a mí que encarnan ese ideal.

Agradezco a los amigos que se han ofrecido a colaborar en este disco su entrega, su cirujano ejercicio con la escritura y su saber hacer con las cuerdas, las pieles y las teclas que nos dan la música. A Agustín García Calvo, que tanto comparte con José Luis, y a Isabel Escudero, que me han abierto con su amistad un torrente de emociones y devociones. A Jesús Lizano, siempre en pie con la palabra acracia por adarga. A Javier Sádaba y José Luis Molina, gracias por los textos que acompañan a este, que si bien no son canción tienen todos los sonidos que cabe a la amistad y la admiración. A Alfonso Salazar por traducir nuestras conversaciones en prosa a letra de canción. A Pancho Vidal, compañero de acordes y guía en la composición y el arreglo. Al alquimista Jens Olhy que sabe como disimular las limitaciones del músico y hacer mejores sus aptitudes. A Juan Bidart que puso a disposición su piano y sus manos para El Anarquista. A Fabián García por sus notas de saxofón que nos han dado el color que precisábamos. A Teresa Villar por su maravillosa dicción. Incluyo también dos figuras literarias de hace tiempo, el poeta romano Giuseppe Gioachino Belli, de quien García Calvo ha realizado la traducción de sus sonetos, y el poeta catalán, anarquista, Joan Salvat Papasseit, cuyos versos hace tiempo que me acompañan. Y, por último, un recuerdo a Agustín Souchy, pensador ácrata alemán, lo más parecido que volví a ver en mi vida a la mirada limpísima de Carlos Soriano y José Luis García Rúa.

Pedro Soriano

 

 

COPLAS EN LOS TENDEDEROS (2008)

 

Pedro cumple en esta nueva entrega de su música varias deudas adquiridas por el tiempo y el cariño: algunos amigos y seres queridos que se merecían sus rasgueos de guitarra, y algunos territorios sentimentales que aún precisaban ser recogidos en su biografía musical. Entre los primeros, sus destinatarios tendrán cumplido conocimiento. Entre los segundos, lugares dispares de su memoria, se cuentan coplas y romances en aquellos tendederos de las mañanitas de los años cincuenta, de sol refulgente en las blancas sábanas colgadas al aire; o la innegable herencia adquirida por la vía de Sudamérica. De ese continente le vinieron Yupanqui y Gardel, Larralde y Cabral, boleros, zambas, tangos... A toda la geografía rinde visita desde los sones de México a la rabia contenida de la Argentina, Y siempre un par de brochazos anarquistas. Ya sea a los muertos del Estrecho, a las abuelas olvidadas y olvidadizas, a los amigos de Brel o al inefable señor Korduras, cuyo nombre todo lo dice. Que nunca falten.

 

INCLUYE EL TEXTO EL SEÑOR KORDURAS Y SU TIEMPO

 

 

Hace casi veinte años en un lugar llamado Arcadia pasábamos las tardes y las noches. Era un espacio para la conversación y las copas en compañía y amistad. Si no había público -un infortuinio que sucedía a menudo- cuatro amigos charlábamos, conspirábamos y retorcíamos la realidad, nos ubicábamos en otro primas, otra mirada sobre lo establecido. Relativizábamos esos asuntos tan serios que la moral imperante y ciertos controles políticos pretenden imponer sobre el ciudadano y que acostumbran a dejarnos perplejos. De esas perplejidades, de esas charlas surgió un personaje al que convertimos en nuestro particular Quijote. Don Juan Luis Korduras vivía sus historias en nuestra constante imaginación provocativa. Buscaba los cuatro pies del gato, mientras el Ayuntamiento -por ejemplo- intentaba convencernos de que los gatos sólo tienen tres patas. No es tan vano empeño, resulta fructífero esa mirada establecida e impertérrita, como lamentablemente seguimos comporbando, hayan pasado los años que hayan pasado. Por eso las situaciones que vive Korduras serán siendo válidas a día de hoy. Y a día de mañana, nos tememos.

Así, tras un par de días de elucubraciones en una mesa de bar, forjábamos una teoría que poníamos en práctica ante los clientes del local. Siempre con educación. Algún incauto terminaba dándonos la razón ante el aplastante argumentario de Korduras. Llegaba entonces el momento de darle cierta forma literaria a los varíos de don Juan Luis, y al menos una vez a la semana podíamos disfrutar de un nuevo capítulo, redactado, para solaz y recapitulación. Años después ven la luz al fin algunos de aquellos capítulos -quedan más en libretas olvidadas, manuscritos, tiempos aquellos sin ordenador- donde don Juan Luis campea por sus razones, adarga en pecho el argumento, acompañado de Fernández Panza, de Mary Thornes y sus compañeros de Sociedad. Lúcido y lógico. Mortal y honesto. Korduras. Amigo nuestro.

Santiago Arias, Máximo Duarte, Pedro Soriano y Alfonso Salazar

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LA PLAZA HUMANA (2006)

 

La fabulosa red que proporciona Internet se ha comparado a menudo con una aldea global: una ciudad con escaparates, tiendas, servicios públicos y tránsito continuo de compradores, investigadores, despistados, vendedores, aficionados, obsesos sexuales, exhibidores, gamberros y policías camuflados. Es posible que sea la mejor comparación. A pesar de ser una ciudad tan despoblada. Mil millones de personas deambulan por esa ciudad fantasma, pero siete de cada diez corresponden a los países supradesarrollados. Pierre Bourdieu, el prestigioso pensador y sociólogo decía: "El mito según el cual Internet debía cambiar las relaciones entre el Norte y el Sur es brutalmente desmentido por los hechos: en 1997, el 20 % más rico de la población mundial representaba el 93,3 % de los usuarios de Internet, y el 20 % más pobre, el 0,2 %".

Eran datos de hace diez años los que manejaba, pero tenemos la sospecha de que sigue sucediendo. Podría decirse que esa aldea global de Internet se trata de una ciudad donde abundan los escaparates, las tiendas de productos inútiles, las conversaciones absurdas, el uso fútil del tiempo. Aunque entre sus aplicaciones pululen los datos sorprendentes, las polémicas que siempre quedan ajenas a los medios de comunicación de masas, la crítica y la reflexión, solidaridades, inmediatez, urgencias resueltas.

Y en mitad de todo ello, La Plaza Humana, como un pequeño reducto para la poesía realizada desde una pequeña ciudad real y ubicada en la monstruosa ciudad virtual. Pedro Soriano ha visitado la Plaza Humana y ha tomado versos diversos para realizar su nuevo trabajo. Se aúna así la aportación de textos poéticos en internet con la guitarra, de toda la vida, y la voz profunda del cantor.

Poemas de jóvenes autores, y algunos no tanto, cuyo nexo común es residir en un mismo y modesto escaparate, en un lugar virtual que recuerda a aquella Arcadia de Granada, la real, un espacio libre para la noche, la conversación, la música y la poesía. Pedro, acompañado por la profesionalidad y el afecto de Pancho Vidal (guitarra, laúd, quena, zampoña, percusión), Juan Bidart (piano), Jens Ohly (bajo y técnico de sonido) y Galo Córdova (guitarra), musican a los granadinos Javier Benítez, Alfonso Salazar, Jorge Fernández Bustos, Marga Blanco, Ernesto Pérez Zúñiga, Ramón Repiso y Belén Sánchez, miembros de una generación reciente de autores, que se criaron, entre otros, junto a la poesía de Javier Egea y Luis García Montero, poetas recogidos en este volumen. El histórico anarquista José Luis García Rúa, el madrileño Pepe Ramos y David Hidalgo, completan la nómina de residentes en la Plaza Humana a los que Pedro Soriano ha rendido visita.

 

BEN AL ZAHÍDYN (1999)

DESDE EL JARDÍN DE LA CHURRA

 

 

 

Había un león del famoso patio de la Alhambra que resultó ser ácrata.

Tras siglos de cautiverio decidió abandonar la hierática formación y dedicarse a cultivar una vida más digna. Semejante decisión causó gran impacto en los guardas del recinto monumental, y al pobre de Nicanor Guardajardines, tal embrollo le llevó por la calle de la amargura. Esta metáfora es la que da pie al último disco de Pedro Soriano para sumergirse en la ciudad de Granada, en todas las bajezas y grandezas de las ciudades: la época en que el fútbol parecía algo legendario (Calle de Elvira), la podredumbre de la mendicidad (Niños y pañuelos)... De ahí el subtítulo Desde el Jardín de la Churra, particular atalaya en la ladera de la Alhambra desde donde el autor y sus habituales letristas echan un vistazo y leen la cartilla de la ciudad y aledaños.

 

Se atreve Pedro a enarbolar una bandera -pero eso sí, incolora, compuesta solamente de sonidos-, planteando (Bajo la bandera de Brel), adaptaciones de textos del gran cantautor belga: Pero diles tú Santiago, versión de Grand Jacques; El Gran Almirante, versión de L´Estatue, Luchar sin descanso, versión de La Quête, tema del famoso musical L´Homme de La Manche. Una interesante vía que promete próximas entregas.

 

El cd se completa con poemas de Alfonso Salazar (Bolero del Amor Matemático, Amor con pan, Estatua de bronce, Todo lo que me han contado) y canciones íntegras del propio Pedro (El fraile, Los filibusteros, Si vuelves, Camina, Parte y parte, etc....).

 

En definitiva, un variado ramillete de propuestas, siempre en la línea musical del autor y en unas letras suavemente desgarradoras, tiznadas de rojo y negro, potenciadas por su voz. Que usted lo disfrute con salud.

 

 

ARCADIA (1998)

 

 

La Arcadia griega es un país imaginario creado y descrito por los poetas desde el Renacimiento hasta el Romanticismo. Allí reina la felicidad y la paz, y posiblemente fuese el lugar de residencia del „buen salvaje“. Es un país muy parecido al Paraíso, y por supuesto a Utopía. La utopía es uno de los pilares que alumbraron la Acracia.

Ese nombre fue el que utilizó Pedro Soriano para nombrar un pequeño reducto para la Poesía, la Música, la Literatura y el Compromiso en la ciudad de Granada, allá por el año 84. Un bar musical para muchos, un santuario de amistades, complicidades y ratos felices para algunos. El poeta granadino Soto de Rojas en el siglo XVII estableció un axioma aplicable a Granada que es extensible a este mismo lugar de encuentros y emociones: Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos.

En homenaje a aquella Arcadia granadina, que tuvo tres ubicaciones físicas y anida muchísimas otras en el espíritu de tantos y tantos que por allí pasaron y allí disfrutaron de inolvidables noches, alumbró Pedro Soriano, pasado el tiempo, su CD Arcadia. Por allí pasean personajes, que son seres reales, de carne y hueso, con su Historia y su anecdotario: el tema „Arcadia„ hace un somero repaso por algunos de aquellos feligreses y su evolución particular. En la misma línea insisten „Noches del bar León“, „Santiago“, „Máximo“… homenajes privados pero universales, cantos a la amistad.

Pedro Soriano no abandona la línea de compromiso que le alienta desde su primer trabajo, ya sea desde el sarcasmo de „Consejos desde el más allá“, „Sólo sé que no sé nada“ o „Sin receta médica“ a los arranques poéticos y cotidianos de „Con su cal y su arena“, „Obra de amor“ o „Mensajes en las aceras“, fruto de la colaboración con el poeta Alfonso Salazar. Canciones infantiles como „María“, „Oliver“, o de amor paternal como „Carmen“ y „Canción para el azar“ completan el rico panorama del tercer trabajo del autor granadino.

 

ESBOZOS (1997)

 

 

 

PEDRO SORIANO (1980)

 

 

Los años sesenta-setenta fueron escenario de la eclosión de la canción, que muchos después llamaron “canción de autor”. Todas las canciones tienen autor, así que esa denominación resulta ser un pleonasmo, pero es el término que trascendió. A rebufo de los grandes chanssoniers franceses (una buena traducción de ese término, chanssoniers, hubiese sido el acertado para denominar el género) surgieron en España voces armadas de guitarra, que por sí solas se plantaban ante el público para decir poéticamente palabras que levantaban ampollas en el régimen vetusto del franquismo: Paco Ibáñez abrió la veda sobre la poesía que había maniatado la dictadura y alargó su ronca voz hasta el siglo de Oro español y más allá; desde Catalunya llegaban los temas de Joan Manuel Serrat (que recuperó las voces de dos poetas maniatados durante la dictadura, como Machado y Hernández) y Els Setze Jutges, y las inolvidables de Raimon… En Asturias comenzaba a destacar un joven Víctor Manuel y en el Sur se revisaba la tradición andalucista con Carlos Cano y el Manifiesto Canción del Sur.

Pero tres ramas de influencia daban sombra a España desde un mismo tronco: la norteamericana prohijada por Dylan y la franco-belga, por un lado y la influencia de América Latina, que con el payador Yupanqui a la cabeza, habían actualizado la tradición americana. En estas dos últimas líneas se enmarca el primer disco de Pedro Soriano: Brassens, Cortez, Atahualpa, y sobre todo Brel, resuenan como eco en sus temas. Son temas donde se plasman las posturas del anarquismo que seguirán junto al autor durante toda su obra: desde títulos palmarios como “El anarquista”, hasta reflexiones sociales, como la propia “Reflexiones”, “Monólogos” o la premonitoria “¿Qué le parece a usted?”, que puede entroncarse con Bendetti o el propio Joan Manuel Serrat en una búsqueda de responsabilidad en el interior de nosotros mismos.

 

 

 

OTRAS EDICIONES EN COLABORACIÓN

LA CUMBIA:  Se trata de un un LP de los de entonces hoy CD masterizado donde se presentan una cuantas canciones, fiel reflejo de la programación que a diario presentaba a finales de los setenta el establecimiento que llevaba su mismo nombre en la ciudad de Munich, en el cual Pedro comparte los surcos con sus amigos Mundo Burgos (Argentina) Galo Córdova (Ecuador) Guillermo Duque (Colombia) Paolo y Fabio (Brasil) y el grupo Veneno (Brasil). Su aportación fueron los temas ¿Qué le parece a usted? y A Carlos

POR EL TÚNEL DEL TIEMPO: La primera grabación de Pedro Soriano fue realizada el 10 de mayo de 1965 con Paco Morcillo con quien Pedro Soriano dio sus primeros pasos musicales. Grabada en un antiguo magnetofón, el contenido es sólo instrumental y contiene temas folclóricos interpretados con la bandurria de Paco y acompañados por la que fue la primera guitarra de Pedro. Naturalmente no es adquirible.